Disminuir los ratios por aula: una necesidad educativa para alumnos y profesores

Queremos compartir el artículo de Alberto Moreno, actualmente voluntario del Cuerpo Europeo de Solidaridad en Faro, Portugal.
Queremos compartir el artículo de Alberto Moreno, actualmente voluntario del Cuerpo Europeo de Solidaridad en Faro, Portugal. Alberto es profesor de Historia y Geografía, por lo tanto, muy comprometido con la Educación y la mejora de su calidad. El artículo trata de la necesidad de disminuir las ratios profesor/alumno en las aulas, está muy bien documentado y trata de un tema fundamental a la hora de permitir que cada niño/a pueda disfrutar de una atención individualizada y que se pueda hacer las reformas necesarias en el sistema educativo de España.  
 

En mayo del año pasado el Gobierno y las Comunidades Autónomas acordaron volver a fijar las ratios de alumnos por aula a la situación previa a la pandemia: un máximo de 25 alumnos en Infantil y Primaria, 30 en la ESO y 35 en Bachillerato. Esta medida ponía fin al breve experimento del curso 2020-2021, en el que como consecuencia de esto,se contrataron a casi 40.000 profesores de refuerzo. Para este año académico, sólo Castilla y León, Comunidad Valenciana, Navarra y País Vasco han mantenido los refuerzos de profesores del año anterior.

 

Estas medidas ya generaron un gran malestar entre profesores y padres.Julio de la Guía Bravo, profesor de secundaria en el IES Rayuela, de Móstoles, dice haberlo notado en la frecuencia de las interrupciones en clase, pero sobre todo en la capacidad de atender los casos concretos de cada alumno, especialmente los de necesidades especiales; eso obliga, según afirma, a estandarizar los procesos, impidiendo con ello la atención individualizada. Óscar Martín, director del colegio Santo Domingo y presidente del Consejo de Directores de Madrid, explicaba a Eldiario.es: «Al bajar las ratios se ha podido manejar el desarrollo pedagógico en las clases de manera más efectiva y se ha podido atender la individualidad de cada estudiante ».

 

Según el «informe español sobre el Panorama de la educación. Indicadores de la OCDE 2021”, Las ratios de alumno por aula sitúan a España ligeramente por encima de la media de la UE, 25 alumnos por aula en la Educación Secundaria frente a 21, y dentro de la media en Educación Primaria. Así mismo, también nos encontramos por detrás de la media europea en inversión por alumno, con 8329 dólares por año en la Educación Primaria y 10 290 dólares en Secundaria, frente a los 9.601 en Primaria y 11.404 en Secundaria. Sólo Grecia gasta menos por estudiante en educación secundaria que España.

 

Ahora bien, ¿cuál es la relación entre la calidad educativa y la bajada de ratios? Desde hace bastantes años se ha estado incidiendo en la necesidad de aplicar nuevas metodologías que mejoren la calidad educativa. La nueva reforma laboral habla de la aplicación de metodologías inclusivas, trabajos por proyectos, aulas invertidas y atención individualizada; sin embargo, tal y como opina Enrique Díez, Profesor de la Facultad de Educación de la Universidad de León, « El primer paso crucial es la reducción del número de alumnado en cada aula. Con clases abarrotadas no se puede atender a la diversidad, no se puede personalizar el aprendizaje. No se puede evaluar y orientar a cada alumno y alumna para detectar qué dificultades tiene e implementar medidas concretas que eviten el fracaso. » En otras palabras: no se puede ofrecer una atención individualizada en clases de treinta alumnos.

 

Lo cierto es que profesores o posibles profesores hay, y muchos. Basta para ello echar un breve vistazo a las últimas oposiciones para Secundaria que se celebraron en nuestro país, en Julio de 2021. Por citar dos comunidades autónomas: en Andalucía se inscribieron casi 50.000 personas para 6.206 plazas; en Madrid, fueron cerca de 31.000 aspirantes para 3.700 plazas; es decir, casi 7,6 opositores por plaza. Hay que tener en cuenta que para inscribirse en las oposiciones es necesario contar, como requisito imprescindible, un grado o licenciatura más el máster habilitante o el antiguo CAP.

 

Sin embargo, no sólo entran a trabajar aquellos que obtengan la plaza, sino que, según avance el tiempo hasta una nueva convocatoria, irán sumándose bastante gente de las listas, según la media ponderada entre el resultado del examen y los puntos obtenidos por experiencia laboral, títulos académicos y otros méritos; son los llamados interinos, esto es, “personal funcionario temporal empleado por razones expresamente justificadas de necesidad y urgencia”. España tiene, actualmente, 622.295 trabajadores interinos en todo el Estado, de los cuales el 31,7% son de educación. La nueva ley de interinos, publicada a finales de Diciembre del año pasado, pretende estabilizar a los interinos con el objetivo de reducir la temporalidad hasta el 8%; para ello, se pretende hacer fijo a aquellas personas que hayan ejercido el mismo puesto durante cinco años, y aumentar el peso que tiene la experiencia laboral en los procesos de oposiciones.

 

La disminución de ratios no es, desde luego, la única herramienta para mejorar la calidad educativa, pero si queremos mejorar la calidad educativa en nuestro país, debemos fijar como punto prioritario la bajada de las ratios. Hemos visto cómo el aumento de contratación del número de profesores beneficiaría a todos los elementos del Sistema: a los alumnos, a los docentes que ya ejercen, a las familias y a todos los que desean y no pueden trabajar. Son muchos los jóvenes que quieren entrar en el sistema educativo, pero que por la falta de experiencia laboral y las pocas plazas ofertadas no consiguen llegar a realizar un verdadero reemplazamiento generacional.

 

Bajar las ratios no sería la panacea universal ni el instrumento definitivo para mejorar la calidad educativa de nuestro país, pero podría ser un buen inicio sobre el que plantear nuevas y profunda reformas que el Sistema necesita; unas aulas reducidas donde se pueda brindar una atención más individualizada a cada alumno son el componente esencial para la aplicación de cualquier metodología innovadora. Y serían, también, una buena forma de acabar con buena parte de la precariedad de tantos jóvenes opositores.

 

Alberto Moreno Bustos.

Revisión y corrección: Emma Lancha Hernández

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