Microproyecto Cuba – “Intentar aportar algo a esa lucha desde la educación ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida”

Si hace 4 años me hubiesen dicho que yo estaría dando clases a adolescentes, no me lo creería. Y es que en un día como hoy, de entre semana, a media mañana, yo estaba sentada ante un ordenador, en uno de esos “cubículos” de oficina, como hacía de lunes a viernes durante 8 horas al día, respondiendo lo más rápido posible emails “importantísimos”; acudiendo trajeada a reuniones donde el tono solía ser serio, ya que se cuidaban mucho las formas debido a que todo lo tratado era de transcendencia; preparando “Power Points” donde se recogían significativas cifras, gráficas, propuestas…

Era una joven mujer que estaba empezando mi carrera profesional con un buen puesto de trabajo. Sin embargo, después de tiempo siguiendo esta dinámica cada día, el estar donde se presuponía que era lo adecuado, lo deseado y tan esperado dada mi preparación, yo no lo sentía tan bueno como parecía ser. La inmediatez en el acceso a la información de este mundo globalizado me recordaba continuamente que la vida no era (ni es) únicamente lo que yo vivía en mi entorno inmediato, es más, veía que mi entorno inmediato era una excepción en un mundo lleno de diferencias de vida entre personas, entre países, entre culturas…

Estas inquietudes me llevaron a realizar el curso de Participación y Desarrollo de AIPC Pandora. Me ayudó a conocer más y mejor esas diferencias de vida; pero necesitaba más. No me valía con conocer desde la teoría, necesitaba conocer desde la realidad. Así, me decidí a participar en un Microproyecto, pasar 3 semanas en Cuba colaborando con una organización local, vivir dentro de su comunidad, conocer su día a día, estar en un país extranjero, no de visita, sino para compartir su vivir, estar con su gente y compartir ideas, aficiones y tiempo.

Esas 3 semanas me cundieron más que todo el año anterior trabajando en Madrid. Fueron un soplo de aire fresco para despejar la mente y dejar al descubierto lo importante. Fueron 21 días de desconexión tecnológica (altamente recomendable), 21 días de echar de menos a familia y amigos; y en las que no se aparecieron ni por un momento ninguno de los temas “importantes” del trabajo que no abandonaban mi cabeza en España: mientras comía, en el gimnasio, el fin de semana…siempre había algo importante que preparar y hacer. Me sorprendió el que nada de eso tan “importante” apareciese por mi cabeza esas semanas. Echaba de menos a mi gente de España; sin embargo, estaba rodeada de cariño.

Desde el primer día en Puerto Esperanza, se trazaron fuertes lazos con su gente. Los niños con los que realizábamos talleres de manualidades transmitían una alegría constante. Eran cercanos, como si nos conocieran de siempre. Estar con ellos fue volver a la infancia, a la diversión espontánea que sale cuando te dejas llevar y compartes tiempo con los demás. Debatir sobre libertad, homofobia o violencia de género con los jóvenes del pueblo fue muy enriquecedor, ya que allí no son temas tan obvios.  Y si bien las actividades programadas fueron motivadoras, lo que hacía entre ellas, el día a día con los vecinos del pueblo, tuve tanto o más impacto en mí.

Toda esta experiencia me hizo sentir de forma nítida lo importante para mí: los demás, las personas. Los temas “importantes y urgentes” del trabajo no los sentía como tal allí; sin embargo, la añoranza que sentía por los míos en España, y el enorme cariño que recibí de los de allí, que en 3 semanas las sentí tan cercanas como si hubieran estado conmigo siempre, prevalecían en mí.  Así que, a la vuelta a España, empecé el cambio de rumbo profesional en mi vida hacia un camino donde el trabajo con las personas fuese la parte fundamental del mismo.

Ahora soy profesora, comparto mi tiempo de trabajo con jóvenes, jóvenes que, en muchos casos, carecen de los recursos económicos que hacen la vida aquí más sencilla. Son jóvenes que, pese a estar en un entorno donde abunda lo material, para ellos eso no es la norma, y luchan cada día por tener un futuro mejor.

El intentar aportar algo a esa lucha desde la educación, desde el ejemplo vital, ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida, y ésta no habría sido posible sin lo que me aportaron experiencias como el Microproyecto en Cuba o la formación en Participación y Desarrollo. Para mí ha sido fundamental salir de los caminos de formación y experiencias tradicionales, hacia otros más trasversales, con perspectiva amplia y global del rol que las personas tenemos en el mundo.

Isabel Prieto Vicente. Microproyecto Cuba 2015

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