¿Hacia dónde se dirige el Norte de África?

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Mohamed Bouazizi, vendedor de verduras e informático en paro. Quizás su nombre no nos diga nada, pero es bastante probable que este hombre sea ya parte de la Historia. El 17 de diciembre se inmolaba en la ciudad tunecina de Sidi Bouzid, y encendía así una gigantesca ola de revueltas exigiendo libertad que se ha extendido ya por Egipto, Jordania, Siria, Yemen, Argelia y Marruecos. Una revolución cuyas consecuencias finales son difíciles de preveer, pero que pueden cambiar las reglas del juego en todo el mundo árabe y, en consecuencia, a nivel mundial. Seguro que el bueno de Bouazizi nunca imaginó que su desesperación iba a provocar ecos de tal magnitud…

Túnez
Túnez

Pero con lo que no contaba Bouazizi es con que su desesperación era compartida por millones de personas que, como él, vivían en Túnez un presente de frustración y sólo tenían ante sí un futuro sin oportunidades. Sólo hizo falta una mecha para que estallase todo y eso fue lo que aportó Bouazizi, la chispa que hizo prender la pólvora que ha hecho saltar por los aires el régimen de Zine el Abidine Ben Ali, después de 23 años de autoritarismo.

Desde ese 17 de diciembre hasta el 14 de enero en que triunfó la revolución iniciada por Bouazizi y Ben Ali tuvo que huir del país, el mundo permaneció atento a los acontecimientos. Sobre todo, los ciudadanos del Magreb, identificados en muchos casos con sus colegas tunecinos por sufrir los mismos regímenes y los mismos recortes de libertades. Su revolución les hizo preguntarse si ellos también podrían derrocar a sus dictadores; su victoria, les hizo comprender que ellos también podían.

Manifestacion Cairo
Manifestacion Cairo

Y así ha sido. Un efecto dominó se ha extendido durante las últimas semanas por todo el Norte de África, en lo que algunos ya comparan con la Caída del Muro de Berlín para los países del Este de Europa en los primeros años 90. En Egipto, el corazón del Magreb y pieza clave en el puzzle del mundo árabe, cientos de miles de manifestantes tomaron las calles el pasado 25 de enero exigiendo la dimisión de Hosni Mubarak, en el poder desde hace casi 30 años. El octogenario dictador reaccionó sacando el ejército a las calles, pero éstos emitieron el lunes 31 de enero un histórico comunicado en el que consideraban legítimas las protestas de sus conciudadanos y se negaban por tanto a actuar contra ellos e impedir sus manifestaciones. La noche del martes 1 de febrero, un millón de manifestantes exigieron en la plaza Tahrir una dimisión a la que Mubarak se negó en un discurso televisado a toda la nación.

La comunidad internacional reacciona tibiamente, como siempre según sus intereses, los financieros, armamentísticos y de seguridad de Estados Unidos e Israel, los de rol clave en el mundo árabe de Turquía, los de los que parece que no tienen nada que decir de la Unión Europea, así uno tras otro va tomando sus posturas. Nuestro presidente, que parece pensar que bastante tiene con lo suyo, dice querer para los países MENA (Middle East and North Africa countries) lo mismo que para el suyo, es decir, reformas democráticas, libertad, progreso y justicia social ¡casi nada!

Una vez más, los intereses internacionales parecen totalmente ajenos a la motivación de los cambios y a los originadores de las protestas, en este caso, la sociedad civil, ni piensa ni le importa lo que estratégicamente hagan los países respecto a esta situación. El pasado 30 de enero, el diario El País publicaba un artículo del escritor egipcio Alaa Al Aswany, en el que reflejaba las palabras que un periodista español amigo suyo le dijo durante las manifestaciones del día 25: “Mi experiencia (vivió los movimientos de liberación de los países del Este de Europa en directo) es que, cuando sale tanta gente a la calle, y con tanto empeño, el cambio de régimen es solo cuestión de tiempo”.

Y mientras esto sucede en Egipto, otros países de la zona han puesto “sus barbas a remojar” para evitar que las revueltas se contagien con la misma virulencia en sus países. En los países que cuentas con un sistema monárquico, como Marruecos y Jordania, los cambios no supondrán el fin de un régimen sino que lo que exigen los ciudadanos es el relevo de unos gobiernos que se han mostrado ineficaces para sacar al país de la crisis. Mohamed VI y Abdullah II ya han dado pasos en este sentido, y en Jordania el rey ha aceptado el 1 de febrero la dimisión del Primer Ministro y todo su gabinete de gobierno.

Situaciones parecidas, pero no iguales. Hay que tener una cosa bien clara: todas estas revueltas están motivadas por el mismo motivo, fundamentalmente de causas socioeconómicas (falta de perspectivas de futuro y falta de libertad). Pero los contextos de cada país de la zona cuenta con matices que conducirán las revueltas hacia un final, que no tiene que ser necesariamente el acontecido en Túnez.

En el país tunecino nos encontramos con una población con un grado muy elevado de escolarización (más del 80%), con una amplia clase media y con un país de carácter laico y medianamente occidentalizado. Estas características no son comunes con la mayoría de los países en que ahora se repiten las protestas.

Revueltas EgiptoSí es común que son los jóvenes, mismo número de mujeres que de hombres, quienes están a la cabeza de las manifestaciones y quienes, a través de las redes sociales como Facebook, están organizando sus revueltas de un modo que nunca se había visto en estos países.

Los jóvenes en los países MENA suman más o menos 100 millones, un tercio de la población total y casi la totalidad de la población en edad activa. En principio esta situación demográfica ofrece grandes oportunidades en una primera fase de transición demográfica, porque parece que hay más personas con capacidad de producir e impulsar la inversión económica y el ahorro que en principio lleva a un cambio institucional y político.

Pero ¿qué pasa cuando existe gran disfuncionalidad entre la juventud preparada y las oportunidades de que se inserten laboralmente y puedan desarrollar sus competencias? Que la frustración aumenta. Y cuando esta frustración la sufre la mitad de la población activa lleva a lo que estamos viendo. Es decir, la frustración y la sensación de injusticia lleva a la protesta, que está muy bien como detonante, pero ¿y luego?

Parece que luego, más que nunca, ha llegado el momento del fortalecimiento de toda la sociedad civil, de estas miles de ONG locales que están en el terreno, que conocen su entorno y creen en el cambio, el momento de los profesionales universitarios y de algunas universidades (las que por razones políticas o financieras no están controladas por los regímenes), de los movimientos sociales de base, los de las mujeres de manera principal en los MENA y, cómo no, de la sociedad civil internacional que por su capacidad, movilidad y convicción es capaz de apoyar y presionar ante sus gobiernos y ante las mastodónticas y semiparalizadas instituciones humanitarias internacionales.

Desde AIPC Pandora creemos necesario un diálogo para impulsar medidas de participación internacional a través del voluntariado. De momento, anunciamos la celebración de una charla-debate con una de nuestras colaboradoras, mujer egipcia, mediadora intercultural y formadora en programas europeos, de la que os informaremos con antelación a través de nuestros medios habituales en los próximos días.

Estamos más que abiertos a todas las aportaciones y propuestas que puedan tener nuestros lectores, porque en un mundo global los problemas son de todos y la búsqueda de las soluciones, también.

Preguntas en el aire. En este sentido, vuestra opinión es muy importante. Ante unos hechos como los que están aconteciendo en estos momentos en los países MENA surgen multitud de interrogantes para los que os pedimos vuestra opinión: ¿seguirá siendo laica y apolítica la revolución iniciada por los ciudadanos y ciudadanas de estos países?, ¿qué panorama, tanto político como social, quedará después de las revueltas?, ¿tendrán éxito todas ellas?, ¿supondrán mejoras reales para la libertad y las oportunidades de futuro de estos pueblos?, ¿el contagio de las revueltas actuales llegará hasta Irán y logrará derrocar el régimen de Mahmud Ahmadineyad? ¿o será al revés, y la dictadura de Ahmadineyad se contagiará a las revueltas que hasta ahora son laicas y apolíticas, dando lugar a nuevos gobiernos integristas en los países del Norte de África?, ¿qué papel deberá jugar partir de ahora Israel en el nuevo entorno árabe?, ¿qué estrategia de alianzas desempeñará Estados Unidos?, ¿y la Unión Europea?

Como dijimos al principio, jamás Bouazizi imaginó lo que desencadenaría su acto de desesperación.

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