Tras los focos del mayor espectáculo del mundo

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Escribimos este artículo justo unos minutos después de que la selección española de fútbol haya logrado su clasificación para cuartos de final del Mundial de Sudáfrica al vencer a Portugal por 1 a 0. Un partido que ha tenido frente al televisor a millones de españoles durante un par de horas. Un seguimiento que no es ni mucho menos particular de nuestro país, si no que se repite en el mundo entero, participe o no la selección nacional del país en cuestión. En definitiva, todos los ojos del mundo están centrados durante un mes entero en Sudáfrica, y nosotros nos preguntamos: ¿puede esto servir para dar a conocer al planeta la realidad, por fin, del continente africano? ¿O tan sólo durará la atracción mientras ruede al balón, y una vez que se apaguen los focos, olvidaremos el país y sólo recordaremos los resultados de los partidos? De momento, al menos ya se ha conseguido que África goce de un interés y una repercusión en los medios de todo el mundo del que pocas veces ha disfrutado.

No es cuestión de pecar de ingenuos y pensar que a partir de ahora el mundo se girará definitivamente hacia África y que este Mundial será un punto de inflexión en la sinuosa historia de todo un continente. Pero existen motivos para pensar que puede producirse un cambio. El deporte (y su enorme repercusión en todo el globo) ha servido en multitud de ocasiones como escenario ideal para lanzar reivindicaciones o hacer llamamientos que han producido cambios en muchas sociedades. En la misma Sudáfrica encontramos un gran ejemplo de ello hace sólo 15 años: en 1995, el Mundial de Rugby que acogió este país sirvió para cerrar definitivamente la herida que el Apartheid mantuvo abierta durante décadas. Blancos y negros celebraron orgullosos al unísono el sorprendente triunfo de su selección ante la hasta entonces imbatible Nueva Zelanda, en una final épica retratada este mismo año en la película “Invictus”, de Clint Eastwood.

Pero no es el único ejemplo: en los Juegos Olímpico de México 68 los estadounidenses Tommie Smith y John Carlos dejaron una imagen para la Historia al levantar su puño enguantado en negro en el podio, en señal de apoyo al Poder Negro y las Panteras Negras, un partido político antirracista que defendía la igualdad de derechos en la segregacionista EEUU de los 60. O un año antes, en 1967, cuando el mítico boxeador Mohammed Ali se negó a ir a la Guerra de Vietnam y fue despojado por ello de su título de campeón del mundo de los pesos pesados, empezando así una lucha que trascendió de nuevo la barrera de lo deportivo para convertirse en una reivindicación social que removió conciencias.

En definitiva, muchos ejemplos de que cómo el deporte puede servir de reclamo hacia una realidad y puede influir en provocar un cambio social. Y ello sin olvidar el drástico cambio para el país organizador que un evento de estas dimensiones puede dejar de forma permanente en el país que lo acoge (pensemos por ejemplo en el gran cambio que para bien supusieron los Juegos Olímpicos de 1992 en la ciudad de Barcelona, sin ir más lejos).

El Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010 es una de esas celebraciones mundiales que tiene el suficiente poder como para provocar esos cambios, en este caso no sólo hacia un solo país, sino hacia todo un continente. De momento, durante los últimos meses han sido muchos los reportajes que se han acercado a la realidad africana con la excusa del Mundial para abordar su realidad desde otra óptica: la que se esconde tras los focos de los grandes estadios de nueva construcción, las inversiones multimillonarias, las infraestructuras levantadas y los beneficios televisivos. Reportajes que han puesto sobre la mesa la “otra realidad” de un continente en donde no todo son estrellas de fútbol ni niños muriéndose de hambre con el cuerpo cubierto de moscas. Ni todo es de oro en Sudáfrica en estos días de celebración balompédica, ni todo es negativo en África sólo por ser África.

De estos muchos reportajes, desde AIPC Pandora hemos querido destacar dos que ofrecen visiones diferentes y puntos de vista innovadores o interesantes. El primero de ellos fue publicado hace un par de semanas en elpais.com y habla de la histórica tradición africana de echar las culpas de todos sus males a las ex potencias coloniales, sin parar a preguntarse por las posibles responsabilidades que los propios africanos pueden tener en ellos. Una visión muy poco tratada en los medios de comunicación, y que resalta el movimiento autocrítico que está tomando fuerza entre los africanos (especialmente, entre los más jóvenes), y que supone un cambio de visión altamente interesante. Puedes leer aquí este artículo completo.

El segundo artículo que destacamos fue recogido en periodismohumano.com hace también escasas semanas. En él se aborda otra de las caras de Sudáfrica, una que no vemos estos días en los medios y que es el mejor ejemplo de todo lo que tapan los focos del Mundial. Se trata de la llegada constante al país sudafricano de miles de inmigrantes y refugiados, especialmente a través de la frontera con Zimbabue, que viven hacinados en edificios abandonados de Sudáfrica mientras se enfrentan a situaciones de extorsión y a la violencia de las mafias. Un interesante artículo que nos ofrece otra perspectiva del país que hoy es centro de atención internacional gracias a un balón de fútbol. Este artículo puedes leerlo completo pinchando aquí.

Son sólo dos ejemplos de los muchos que se han podido encontrar estas semanas en los medios de comunicación de todo el mundo. Y es que, aunque nos gustaría que el mundo mirase a África sin necesidad de que rodase un balón, no debemos dejar de reconocer que tan banal argumento sirve de manera excepcional para llamar la atención y que debe aprovecharse su tirón para hacer visible una realidad y llamar al cambio global.

Como dijo algún pensador importante hace mucho tiempo ya, “dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”. Y si ese punto de apoyo tiene que tener forma de balón de fútbol, aunque quizás no hable de la mejor manera de la población de este mundo… bienvenido sea el cambio que puede generar.

Y tú, ¿confías en que ese cambio pueda ser posible después del Mundial? ¿O por el contrario crees que cuando acaben los partidos el mundo volverá a olvidarse de África? ¿Servirá el Mundial para cambiar y hacer despegar definitivamente a un país como Sudáfrica?

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