Crónicas de una Coordinadora en Saraguro

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Hace apenas una semana desde que regresamos de nuestro Microproyecto en Ecuador y aunque haya pasado el tiempo desde las últimas despedidas, esta semana ha sido especial, ya que siempre al regreso toca poner en orden los sentimientos, hacer valoración de las experiencias y recordar todo aquello que hemos vivido cada vez que lo compartimos con nuestros familiares y amigos, pero tengo que reconocer que, a pesar de haber vuelto a la rutina, un trocito de mí se quedó en aquella “Tierra del Maíz” y todo ello ha sido posible gracias al acogimiento que tuvimos por parte de la Fundación Kawsay, ya que Lauro y Polivio (nuestros coordinadores locales) estuvieron siempre pendientes de nosotros abriéndonos las puertas a su cultura indígena.

Llegamos a Guayaquil el 3 de Julio por la noche, donde Lauro estaba esperándonos para al día siguiente ir a la que sería nuestra casa durante 3 semanas: Saraguro. Tras unas 8 horas de trayecto (con paradas) llegamos por la noche y pudimos aprovechar el fin de semana para conocer el pueblo, su gente y su cultura.

El lunes comenzamos el microproyecto que este año contaba con una novedad, y es que además de trabajar con los niños de la Comunidad de Kiskinchir (de 2 a 12 años) por las tardes iríamos a San Lucas, a 20 km de Saraguro, para trabajar con los adolescentes, de 13 a 17 años, aunque se corrió la voz por el pueblo y llegaron  niños a partir de 10 años para asistir a nuestras clases.

Tras casi tres semanas de trabajo, puedo decir satisfecha que cumplimos con el objetivo propuesto: Por las mañanas impartíamos clases de inglés, matemáticas, lengua…  a través de juegos y dinámicas ya que no podíamos olvidar que se trataba de una colonia de verano. Por las tardes, además del refuerzo escolar tuvimos la oportunidad de impartir talleres de alcoholismo, sexualidad, autoestima, capacidad de superación, empatía etc. que iban destinados a los adolescentes de 14 a 17 años y, por el feedback recibido, fueron un éxito, ya que siempre creamos un clima de “charlas entre amigos” fomentando la confianza y evitando roles jerárquicos para que pudieran compartir con nosotros sus preocupaciones y sus inquietudes.

En cuanto a las familias que nos acogieron, tan solo tenemos palabras de gratitud por habernos tratado como miembros de su propia familia, introduciéndonos en su cultura y haciéndonos partícipes de sus celebraciones, como asistir a la Graduación de una de las hijas de las familias, ataviados con los trajes típicos que nos prestaron, asistir a una fiesta de Confirmación o a una inauguración de una tienda de quesos de un miembro de la Comunidad en la que una de nuestras familias de músicos amenizaba el evento haciéndonos vibrar con su música andina. También nos enseñaron sus costumbres ofreciéndonos conciertos en privado en los que pudimos admirar el gran potencial artístico que tienen tocando infinidad de instrumentos, así como las habilidades para hacer collares y pulseras de artesanía y la destreza que desarrollan en los telares, y si a todo tenemos que sumarle una gastronomía inigualable en la que pudimos conocer infinidad de variedades de Maíz, Plátanos y otros alimentos desconocidos para nosotros pero que sin duda fueron un gran descubrimiento, como el Cuy, cobaya que cocinan en ocasiones especiales y que tuvimos el honor de poder degustar.

En definitiva, una auténtica “experiencia internacional que transforma”, por ser inolvidable, por haber aprendido tanto de su cultura y por haber compartido grandes momentos que quedarán para siempre en nuestra memoria.

Por último, el hecho de que hoy en día escriba estas líneas con una gran sonrisa dibujada en mi cara se debe al inmejorable grupo de voluntarios de la Universidad de Cantabria que tuve la gran suerte de coordinar. Gracias a Carla, Néstor, Paula, Marian, Alejandro y Andrea porque  todos y cada uno de ellos dieron lo mejor de sí mismos haciendo un verdadero trabajo en equipo y siendo un grupo que, sin duda, ha dejado huella.

A todos los que han hecho posible que los sueños se conviertan en realidad: YUPAYCHANI (Gracias en kichwa)

Noelia Hernández Asensio

Coordinadora del Microproyecto en Ecuador – Universidad de Cantabria, Julio 2014.

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