Isabel, voluntaria del Microproyecto de Brasil, comparte sus impresiones

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La verdad es que es curioso todo lo que estamos viviendo. En las ciudades, tanto en Rio como en Salvador, hemos visto mucha miseria, mucha gente durmiendo en la calle, muchos niños totalmente abandonados, como si fueran tierra de nadie. Es una sesnsación de desesperanza que aquí en la favela no la vemos, los niños están «atendidos» es decir, están vestidos, tienen un plato de comida que llevarse al estómago, aunque hasta aquí se ven las diferencias sociales y estamos hablando de una favela, de las personas con menos recursos y con unas condiciones de vida duras, pero en cierta manera se sienten afortunados: tienen un techo, ropa, comida.

Microproyecto de Brasil
Microproyecto de Brasil

El otro día hablando con una voluntaria de aquí que tienen 19 años le planteaba si no quería salir de la favela, y ella me preguntaba que por qué, que aquí estaba bien. Luego Neusa (la responsable del proyecto Ciacac en Brasil que vive en la misma favela) comentaba que la gente vive aquí porque con los recursos que tienen (el sueldo) se pueden permitir una «vida» cosa que en otros lugares no podrían, es decir que aquí la vida es barata (no hay muchos gastos por la casa, no pagan luz, agua …) Lo de la casa no me ha quedado claro si es en «propiedad» o no.  Lo del tema del control de los «bandidos» todo el mundo lo asume como normal. Nosotros dormimos con la puerta abierta, dejamos nuestras cosas sin llave. Ayer dejamos un portatil al alcance de cualquiera y al día siguiente seguía ahí. Hay un control latente, en todo momento saben donde nos encontramos, y seguro que pasa lo mismo con el resto de habitantes de la favela.

Así y todo, hay alegría, ganas de vivir, pero no los veo con muchas ganas de conocer otras realidades, con la que tienen están agusto y ese pensamiento me cuesta. La educación es un poco desastre, estan todos los niños «escolarizados» pero nos encontramos con chavales de 10 años que no saben ni leer ni escribir. Es curioso como te vas adaptando a la falta de toda comodidad. De todo lo que traía pensado, poco hemos podido realizar, pero siempre surge alguna nueva alternativa. Es como volver a la simplicidad. Comemos muy bien (creo que estoy engordando) y lo de los bichos por todas partes ya son como una fauna cotidiana. Observo mucho pero no sé como procesar todo lo que veo, es como una película, que estás pero sabes que tiene un final.

Simplemente con estar y ser testigos ya es mucho. Lo de Salvador ha sido bonito, pero en cuanto se va haciendo de noche el grado de inseguridad crece, incluso de día te dicen que tengas mucho cuidado, que seas prudente. Mucha policía por zonas turísticas pero practicamente sin hacer nada, creo que estan como medida intimidatoria. Eso sí, todo el día con el pistolón en la mano. Y lo del rally-taxi para llegar al aeropuerto es para un correo el solo. Qué forma de conducir, le llamamos al final el Fernando Alonso Bahiano. Iba segura, porque sabía que no me iba a pasar nada, pero pasábamos rozando a todos los coches de alrededor (debe ser el modus operandi de aquí)

Creo que me he extendido demasiado y no os he contado ni la mínima parte de lo que quisiera, todos son sensaciones. Besos. Estamos bien, aunque ya vamos notando el cansancio. Isabel.

Isabel

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